- La entrega de tierras a mujeres rurales evidencia que este no es un gobierno expropiador. Por el contrario, se han promovido mecanismos voluntarios para que ganaderos y empresarios pongan tierras a disposición de la Reforma Agraria, permitiendo que las campesinas se conviertan en legítimas propietarias.
- Tras décadas de concentración de la tierra en pocas manos, mayoritariamente masculinas, hoy se abre paso un horizonte de equidad para las mujeres rurales, junto con nuevas oportunidades de dinamismo productivo y transformación del campo.
- En Sucre y Córdoba surgió la primera organización de lucha campesina del país, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), de la cual hicieron parte mujeres rurales que posteriormente fueron víctimas del conflicto armado durante la primera mitad del siglo XX.
Sincelejo, Sucre. 5 de febrero de 2026. @AgenciaTierras.
La lucha por la tierra en Colombia tiene grandes historias que se cuentan desde Sucre y Córdoba y cargan un profundo aroma a mujer, a mujer rural. Mujeres luchadoras que no solo velaban por su familia, sino que también empuñaban el azadón y el rastrillo y, al lado de sus hombres, curtieron su piel y levantaron callos en las manos en busca del sustento propio y del abastecimiento de los hogares en los pequeños pueblos de la época.
Dentro del grupo de mujeres que libraron duras batallas reclamando no solo el cese del yugo varonil, sino también el derecho a la titularidad de la tierra, se encuentran Juana Julia Guzmán, campesina de hacha y machete, y Felicita Campo, quienes entregaron su vida en esa lucha. Más de cinco décadas tuvieron que pasar para que los sueños que ellas sembraron comenzaran a hacerse realidad en manos de sus nietas, gracias a las decisiones del gobierno de Gustavo Petro, que hoy reconoce el derecho y el acceso a la tierra en el marco de una verdadera reforma agraria que beneficia a más de 11.000 mujeres rurales del país que han recibido más de 112.000 hectáreas.
Los nombres de Ledis Barrios, Nidia Lambraño, Araida Bohórquez, Piedad Julio y Ana Oquendo hoy resuenan en el campo colombiano como símbolo de una lucha histórica que durante décadas fue invisibilizada. Son ellas quienes lideran procesos sociales que hoy permiten que la Agencia Nacional de Tierras —ANT— avance en el cumplimiento del Punto 1 del Acuerdo de Paz y en la implementación del Acuerdo Integral de Tierras a las Mujeres de Colombia, una política que reconoce el derecho de las mujeres rurales a ser propietarias de la tierra y a acceder a incentivos productivos que fortalecen la seguridad alimentaria del país.
Ana Oquendo, lideresa campesina de Córdoba, víctima de la violencia paramilitar y beneficiaria de la primera entrega de tierras del gobierno de Gustavo Petro en el predio Costa Azul, explica que las luchas de las mujeres por el acceso a la tierra no son recientes, pero sí profundamente desiguales. El predio Costa Azul, ubicado en el departamento de Córdoba, fue durante años símbolo del despojo y de la violencia ejercida por estructuras paramilitares, al haber pertenecido a Salvatore Mancuso, uno de los máximos responsables de crímenes contra comunidades campesinas de la región. Hoy, ese mismo territorio representa un acto de reparación y dignificación, al pasar a manos de mujeres campesinas que fueron desplazadas y victimizadas por el conflicto armado.
“Durante mucho tiempo las mujeres que lucharon por la tierra fueron perseguidas, estigmatizadas y silenciadas. Por eso los logros fueron mínimos. Hoy hemos tenido la oportunidad de ser escuchadas y, con la llegada de la Reforma Agraria Integral, hemos sido tenidas en cuenta como nunca antes. Tener nuestra propia parcela, después de haber sido desplazadas de nuestras tierras, es una gran retribución del Estado”, expresó Ana Oquendo.
La materialización de estos derechos ha permitido que las campesinas beneficiarias ingresen al programa de Mujer Rural y, al mismo tiempo, ha significado una ruptura con el histórico esquema de concentración de la tierra en departamentos profundamente golpeados por la violencia paramilitar. En territorios donde por décadas la propiedad estuvo en pocas manos, mayoritariamente masculinas, con baja productividad agrícola y ausencia de proyectos colectivos, hoy comienza a abrirse paso un horizonte de equidad rural, dinamismo productivo y transformación social.
Para Ledis Barrios, representante legal de la Asociación Departamental de Amas de Casa Rurales de Sucre (AMARS), las luchas de las mujeres del pasado siguen marcando el camino de las nuevas generaciones campesinas.
“Como hija de una mujer campesina, reconozco que su esfuerzo trascendió. Fueron mujeres berracas. Hoy somos mujeres rurales empoderadas: no solo cultivamos la tierra y cuidamos nuestras familias, también participamos en espacios de decisión y luchamos por la tenencia de la tierra. Desde nuestras asociaciones hemos impulsado procesos productivos; en mi caso, cultivo dos variedades de batata que han sido altamente productivas y nos permiten pensar en procesos de transformación e industrialización”, señaló Ledis Barrios.
En cifras, estas acciones representan un avance histórico para la Reforma Agraria Integral: a la fecha, se han formalizado y entregado 112.000 hectáreas a mujeres rurales en diferentes regiones del país, consolidando un proceso que reconoce el papel fundamental de las mujeres en la producción de alimentos y la permanencia en el territorio.
Desde Sucre, Araida Bohórquez, integrante de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos —ANUC—, reconoce que el trabajo de la mujer rural fue durante años invisibilizado, pese a haber sido víctima de discriminación, maltrato y violencia por parte de grupos armados ilegales.
“Hoy, gracias a este gobierno, la mujer campesina es una mujer empoderada. Somos mujeres organizadas, dueñas de cooperativas y lideresas de nuestras comunidades. Somos salvaguardas de la Reforma Agraria porque también estamos en capacidad de proteger el medio ambiente y cuidar la tierra que nos fue negada por tanto tiempo”, afirmó Araida Bohórquez.
Finalmente, el director de la Agencia Nacional de Tierras, Felipe Harman, destacó el alcance histórico de estas entregas durante un acto realizado en Córdoba, donde se adjudicaron 1.162 hectáreas a mujeres campesinas de la asociación Rosmuc.
“En Córdoba se estrenó la ruta del Acuerdo Integral de Tierras para las mujeres de Colombia. Hoy no solo entregamos tierra: sembramos paz, autonomía y futuro para las familias campesinas”, concluyó el director de la ANT.