En el marco de la Reforma Agraria, la ANT titula 3.042 hectáreas a 256 mujeres rurales en Santander

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En el marco de la Reforma Agraria, la ANT titula 3.042 hectáreas a 256 mujeres rurales en Santander
  • 256 mujeres campesinas de municipios como Málaga, Cimitarra, Cepitá, Aguada, Sabana de Torres y Bolívar recibieron títulos que formalizan 3.042 hectáreas, reconociendo décadas de trabajo rural que históricamente no figuraba a su nombre.

     

  • Con esta titulación masiva, la Agencia Nacional de Tierras avanza en el cierre de brechas de género en el acceso a la tierra, una deuda estructural que durante años limitó la autonomía económica y la participación plena de las mujeres en el desarrollo rural.

     

  • La formalización no solo entrega propiedad: transforma relaciones de poder en el campo, garantiza herencia segura, acceso a financiamiento y fortalecimiento productivo, y consolida a las mujeres como protagonistas centrales de la Reforma Agraria en Santander.

 

 

Bucaramanga, Santander. 12 de marzo de 2026. @AgenciaTierras.

 

Doscientas cincuenta y seis mujeres campesinas de Santander hoy escriben una nueva historia en el campo: son oficialmente titulares y propietarias de sus tierras gracias al proceso de titulación y formalización liderado por la Agencia Nacional de Tierras —ANT—. En total, los títulos entregados equivalen a 3.042 hectáreas que ahora cuentan con seguridad jurídica y reconocimiento legal.

Las beneficiarias están ubicadas en municipios como Cepitá, Málaga, Aguada, Sabana de Torres, Cimitarra y Bolívar, entre otros territorios donde el trabajo silencioso de las mujeres ha sido fundamental para sostener la economía rural, preservar saberes ancestrales y fortalecer la seguridad alimentaria de Colombia.

En sus predios cultivan productos tradicionales como plátano, yuca, maíz, patilla y papaya, entre otros alimentos. Asimismo, en los municipios de la provincia de García Rovira siembran papa, fríjol y cebolla, así como frutales como fresa, mora y tomate de árbol, que dinamizan la producción agrícola de la región.

Este proceso de formalización se ha venido fortaleciendo desde 2023, en el marco del Gobierno del Cambio, con un enfoque claro en el cierre de brechas históricas de género en el acceso a la tierra. Desde entonces, la Agencia ha priorizado la titulación a mujeres rurales como una acción concreta para avanzar en equidad, autonomía económica y justicia social en el campo santandereano.

Para Marlen Ramírez Bernal, campesina del municipio de Málaga, recibir su título significó cumplir un sueño que durante años pareció lejano. “Llevo más de 20 años trabajando esta finca. Aquí sembré, aquí crié a mis hijos. Siempre fue mi hogar, pero no estaba a mi nombre. Cuando me entregaron el título sentí tranquilidad. Ahora nadie puede decir que esta tierra no es mía. Es el fruto de toda una vida de esfuerzo”, expresó.

En Cimitarra, Luz Dey Sanabría también resalta el cambio que implica la formalización. “Ser dueña cambia la forma en que uno se para frente al mundo. Antes trabajaba con miedo de perderlo todo. Hoy puedo pensar en ampliar el cultivo, en asociarme con otras mujeres, en dejarles algo seguro a mis hijos. Esto nos da confianza y nos abre puertas”.

La formalización de la propiedad no es solo la entrega de un documento. Representa estabilidad, acceso a proyectos productivos, posibilidad de créditos, herencia segura para sus hijos y, sobre todo, dignidad. Durante décadas, muchas mujeres trabajaron predios que no estaban a su nombre, pese a ser ellas quienes los cultivaban y administraban. Hoy, esa realidad empieza a transformarse.

Brigit Flórez, coordinadora de la ANT en Santander, destacó que el impacto va más allá del ámbito individual. “La mujer rural tiene una enorme capacidad de liderazgo, organización y resiliencia. Cuando una mujer es propietaria de su tierra, no solo se fortalece ella, se fortalece toda la familia y la comunidad. Desde la Agencia Nacional de Tierras trabajamos para cerrar brechas históricas y garantizar que más mujeres puedan acceder a la formalización”.

La titulación de estas 256 mujeres en Santander reafirma el compromiso institucional con la equidad de género en el campo y con la transformación rural. Cada hectárea formalizada representa una historia de lucha reconocida, una brecha que se cierra y una apuesta por un campo más justo, productivo e incluyente.

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